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Sociedad

Los argentinos piden honestidad ante todo para el 2027, pero su candidato ideal revela una paradoja política

El 31,9% pide honestidad y el 85,5% exige equilibrio emocional; el perfil ideal combina derecha con progresismo, según un estudio.

Los argentinos piden honestidad ante todo para el 2027, pero su candidato ideal revela una paradoja política

El electorado ya tiene claro qué pedirá en las próximas elecciones: honestidad, equilibrio emocional y una apuesta por la industria. Sin embargo, el perfil ideológico que emerge es contradictorio: quieren un presidente de derecha, pero también progresista. El dato incomoda por igual al oficialismo y a la oposición.

El electorado argentino ya tiene claro qué le pedirá al próximo presidente. Un estudio de las consultoras La Sastrería y Trespuntozero encuestó a 1.000 personas mayores de 16 años de distintas provincias. El trabajo se realizó entre el 7 y el 14 de septiembre de 2026, con participantes de todo el país. El diagnóstico es consistente: los votantes priorizan la honestidad, el equilibrio emocional y la racionalidad. Sin embargo, el perfil ideológico que emerge revela una paradoja que definirá la campaña del año que viene.

El 31,9% de los consultados mencionó espontáneamente que el futuro presidente debería ser «honesto y transparente». La pregunta fue completamente abierta, sin condicionamiento previo. Además, el dato es consistente con otro hallazgo del mismo equipo: la corrupción sigue siendo el principal problema de los argentinos. «Desde el caso Libra hasta ahora, este asunto aparece todos los meses», señaló Raúl Timerman, de La Sastrería. En tanto, el 14,8% eligió como segunda característica que el candidato sea «empático y cercano a la gente». La capacidad e inteligencia quedaron en tercer lugar, con el 7,6%.

Uno de los datos más significativos es que el 85,5% de los encuestados considera importante que el próximo jefe de Estado tenga equilibrio emocional. La cifra superó el 80% en todos los segmentos relevados. De esta manera, el 14,5% restante —quienes no le dan importancia a ese rasgo— emerge como un núcleo de voto diferenciado. Timerman fue directo al interpretar ese grupo: «Esa persona vota a Milei pase lo que pase. Es realmente sorprendente, porque es uno y medio de cada diez».

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